jueves, 21 de noviembre de 2013

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Cuando llegó la noche y levantó la cabeza ella estaba ahí, con una mirada alegre y una sonrisa un tanto burlona. El rostro le brillaba y radiaba una luminosidad impropia de ella dado que rara vez tenía tanta luz.

La miró extrañado y estudió su contorno. Miró atentamente cada zona, cada parte, cada curvatura, sombra o cualquier cosa que pudiera ver.
Y entonces lo supo.

Sí, definitivamente sí. Era ese tiempo del año.
Sonrió para sus adentros y se resignó a seguir esperando un rato más. ¿Cuánto tiempo más faltaría? ¿2, 3 días quizás? ¿O ninguno?
Entendió entonces lo que días anteriores había estado pasando y pasándole, y extrañamente había estado tan distraído que no se había percatado de las señales.

Como fuere, debía irse, los signos ya empezarían a notarse y lo mejor era que estuviera en casa.

Mientras iba en el bus, pensaba aún más en su descuido. ¿Qué podría ser mas importante para distraerse de ese modo?
sabía la respuesta, pero jugaba a no conocerla.
Y como siempre le sucede en ese tiempo del año, recordó la primera vez.

Sólo tenía 15 años, su voz acababa de cambiar y su cuerpo también, como otros años anteriores (y posteriores) había dado otro estirón de huesos y de músculos, habían dias en que se sentía hinchado y ancho y otros que no. En su rostro se veía una leve sombra de barba y su piel se tornaba más tostada que antes.
Alguien se había sentado a hablar con el al día siguiente de su cumpleaños y a las semanas se daría cuenta de todo y su vida cambiaría totalmente.

El bus dió un salto en un rompemuelle haciendo que todos los pasajeros tropiecen y reboten en sus asientos, emitió un sonido doloroso parecido al quejido de un perro, aquello lo sacó de sus pensamientos y lo trajo nuevamente a la realidad, y bajó en la siguiente parada.

Caminó lentamente hacia su casa notando que ella le seguía con la mirada y entonces se cubrió con las sombras, bajo los árboles, entre arbustos y callejones. Avanzó presuroso puesto que sentía aún más el picor en todo el cuerpo y definitivamente debía de estar en casa y esperaba que ella no.

Aquella vez también fue así.
Estaba extrañado. El cuerpo le escocía de un modo irreal y sin razón hacía unos días y por más que se rascase no le calmaba nada. Sentía la boca seca y el agua no le calmaba, el calor se hacía insoportable sea donde fuere y podía olerlo todo.

Ahora era lo mismo, solo que no le extrañaba ni le asustaba.

Abrió la puerta y sus perras fueron a darle la bienvenida meneando las colas, abriendo los ojos, moviendo las orejas, oliendo el aroma de la calle y esperando que les rascasen la cabeza.

Una vez hecho algunos deberes, fue hacia la sala llevando una manta gruesa y una jarra llena de agua, examinó la mesa circular del centro y se agachó para mover algunos artilugios, luego, como si quisiera mover, levantó la mesa hacia arriba e inesperadamente esta se levantó formando un umbral y dejando ver bajo ella una escalera de caracol.
Al entrar en ella, dio un último vistazo a la sala y lentamente descendió hacia la cava.

La temperatura era más baja que en la superficie, lo cual le venía bien dado que estaba harto del calor, y los grandes estantes llenos de botellas de vino, licor y polvo lo agradecían también. Sin embargo fue hacia un enorme barril, lo levantó de la misma manera y volvió a descender por otra escalera de caracol.

El nuevo sitio era oscuro y frió. Rápidamente encendió una lampara eléctrica y la depositó en un estante que pareciera estar hecho para esa misma lampara.
El mobiliario era espartano y las paredes de concreto, en el fondo había un colchón sin tarima desordenado y al costado una mesa de noche.
Dejó la jarra de agua en la mesa y echosé en el colchón formando un ovillo y trató de arroparse lo mejor posible como había hecho en anteriores oportunidades desde aquella vez hacía tantos años

En pocas horas sería, una vez más, diferente.
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