martes, 31 de agosto de 2010
Adios marino II
Adiós marino
No tengo mucha cercanía con la familia de mi papá biológico. De hecho, sólo conozco a unos cuantos de esa rama e incluso no podría decir que conozco a mi papá enteramente.
He estado acostumbrado a que en las ocasiones que he tenido que visitarlo por algún evento familiar (esa familia es gigante) siempre hay que hacer las presentaciones del caso y naturalmente recordar a quienes ya conocía de vista. Los comentarios de “que grande estás” están a la orden del día y las sonrisas de presentación y asombro no faltan en ningún lado.
Lo que siempre hemos sabido mi hermana y yo, es que la familia creció enormemente desde el patriarca Don Alfonso (bisabuelo mío) que fue marino de profesión (mercante y de guerra) participó en conflictos armados con el Ecuador y regresó victorioso, tiene un diploma y una medalla firmada por el presidente Prado en donde se reconoce su valor y servicio a la patria.
Tuvo, en la familia 11 hijos y nunca entenderé como hizo con tanto crío. Conoció a su esposa desde temprana edad e incluso llegaron a celebrar las bodas de Oro, Esmeralda y Diamante.
Naturalmente, según las antiguas costumbres, él es mayor y ella tiene 97 años. Han llegado a tener nietos, biznietos (contándome) y tataranietos (contando a mi retoño) por doquier.
Hoy en la mañana recibí una llamada de mi papá, me contó que el abuelo estaba muy mal en el hospital naval y que fuera a verlo porque al parecer agonizaba.
Me vestí y fui con mi mama (la familia de mi mama y de mi papa tienen una larga amistad que se remota desde que mis abuelas eran niñas, pero más era mi bisabuela amiga de mi abuela a pesar de las diferencias de edades), había gente que “conocía” y que no conocía, afronté los saludos y presentaciones del caso y luego de un rato procedí a entrar a ver al bisabuelo.
Lo que me imaginaba al entrar era muy diferente a lo que vi. Me quedé un largo rato mirando la vida artificial del bisabuelo mientras pensaba en si alguna vez mis hijos (refiriéndome a hijo(s) y nieto(s)) me verían así. Me sentí como cuando Bolívar miraba a su esposa en la cama y luego de cogerle el pie salí.
Ya en la tarde mi papa me envió un mensaje al celular, el bisabuelo ya había fallecido. Espero que mi abuelo lo reciba y guié dondequiera que estén ambos.
Sospecho que en donde estén se echarán varias chelas.