Ya ha pasado más de un año desde que regresara de un autoexilio; sin embargo, son muchas las heridas que no cierran y cicatrices que nunca desaparecerán.
¿Cómo se reinicia una vida, cuando en el fondo sabes que nada nunca será igual?
La gente es diferente, sus actividades son otras, sus ideas han cambiado... como dijo alguien: "Hace tiempo que las lealtades han cambiado".
Nunca entenderán que yo no he regresado. Aún sigo descansando y mirando el Ávila a traves de la ventana de un hotel en Caracas mientras sueño con lo que haré el día siguiente, si probaré otro chocolate savoy, si tomaré papelón con limón o tomaré un bus a Valencia. Otra parte de mí sigue caminando por Gran Vía e intentando pasar desapercibido entre toda la gente y pensando si entrará a Pans o buscará un restaurante argentino. Quizá sobrevolando las montañas verdes o el mar caribe, quizá las montañas tan irregulares de Portugal o la inmensidad del Atlántico.
No termino de regresar, nadie lo nota a excepción de grandes personas. Necesito tiempo a solas pues aún siento que estoy bajo la nieve bebiendo solo y viendo una programación basura en la televisión.
No regresaré, debo buscar mis otras partes.
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